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Cómo gestionar la lista de espera de un gabinete o centro de atención temprana
Una lista de espera bien llevada te dice a quién llamar en cuanto se libera un hueco y evita que una familia se quede olvidada en una hoja de cálculo. Basta con pedir pocos datos, ordenar por prioridad y revisarla con frecuencia.
Qué datos pedir (y cuáles no)
En la lista de espera todavía no hay tratamiento, así que pide solo lo necesario para contactar y priorizar: nombre del niño o del paciente, persona de contacto, teléfono o correo, motivo de la consulta en una frase, disponibilidad horaria y la fecha en que entró. El motivo de consulta es un dato de salud, así que guárdalo en un sitio seguro y no en una hoja compartida por correo.
Criterios de prioridad
Si solo ordenas por fecha de entrada, un caso urgente puede quedarse detrás de uno que puede esperar. Define dos o tres niveles de prioridad con criterios claros, por ejemplo:
- Edad, sobre todo en atención temprana, donde unos meses marcan la diferencia.
- Derivación de un pediatra, un neurólogo o el equipo de orientación del colegio.
- Gravedad o urgencia que se detecta en la primera llamada.
Frecuencia y horarios
Apunta qué frecuencia necesita cada caso (semanal, cada quince días) y su disponibilidad. Cuando se libere un hueco del martes a las cinco, sabrás al momento a quién le encaja, en lugar de llamar a la lista entera.
Revísala cada mes
Las listas envejecen. Una vez al mes, llama o escribe a quien lleva más tiempo esperando para confirmar que sigue interesado y dale una estimación honesta de cuánto queda. Las familias toleran mucho mejor la espera cuando saben en qué punto están.
Cómo lo hace Medra
En Medra cada entrada de la lista de espera guarda su prioridad, la frecuencia que necesita y los datos de contacto. Cuando tienes hueco, la conviertes en paciente con un clic sin volver a teclear nada. Lo tienes explicado en Medra para atención temprana.